Problemas de conducta relacionados con la edad en perros y gatos
Mi perro mayor se ha vuelto ansioso. Mi gato mayor vuelve a hacer sus necesidades fuera del arenero. Mi perro viejo parece perdido y desorientado. Al envejecer, algunos perros y gatos se vuelven más vulnerables a nivel emocional: sueño alterado, desorientación, pérdida de algunos aprendizajes, necesidades fuera de sitio, ansiedad o hiperapego que aparecen poco a poco.
A veces también reaparecen comportamientos más «infantiles» que el animal había abandonado hace tiempo: búsqueda constante de contacto, necesidad de que lo tranquilicen, dificultad para quedarse solo, como si algunas referencias adquiridas en la edad adulta se fueran borrando poco a poco.
Este fenómeno, conocido como depresión de involución, afecta sobre todo a animales mayores cuyas capacidades físicas o sensoriales disminuyen. Puede manifestarse como un desinterés progresivo por el entorno, más horas de sueño, pérdida de apetito o, al contrario, un apetito mayor, o un hiperapego hacia su persona.
En algunos animales, estos cambios van más allá y afectan directamente a la memoria, la orientación y las referencias, un poco como el envejecimiento cognitivo en las personas: se habla entonces de senilidad o deterioro cognitivo en el animal mayor. Las señales que deben alertarte:
- perderse en lugares que conoce bien (su propia casa, su jardín);
- deambular sin rumbo, o quedarse bloqueado ante un obstáculo o en un rincón;
- invertir su ritmo de sueño (dormir de día, estar activo o inquieto de noche);
- vocalizar sin motivo aparente, sobre todo de noche;
- olvidar normas bien aprendidas (hacer sus necesidades en su sitio, órdenes sencillas);
- parecer no reconocer a ciertas personas o situaciones familiares;
- quedarse inmóvil o con la mirada perdida durante mucho tiempo.
Estas señales suelen aparecer de forma progresiva y a veces se confunden con un simple «cambio de carácter por la edad». Sin embargo, cuanto antes se detecte este deterioro, más se puede acompañar al animal para frenar su evolución y preservar su bienestar en el día a día.
Estos cambios suelen estar relacionados con el propio envejecimiento, pero también pueden ocultar una pérdida de oído o de vista, u otro problema médico: un animal que ya no reacciona cuando lo llamas no se ha vuelto necesariamente indiferente. Por eso es imprescindible una revisión veterinaria para evaluar su estado de salud general y descartar otras causas. Ni la depresión de involución ni la senilidad se «curan» propiamente, pero un acompañamiento adecuado permite reorganizar el entorno de tu animal, preservar sus referencias y mejorar de forma duradera su bienestar y su calidad de vida.
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